Por Pbro. Marcelo Barrionuevo.-

“El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? El les dijo: algún enemigo lo hizo. Le respondieron los siervos: ¿quieres que vayamos y la arranquemos? Él les respondió: no, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis junto con ella el trigo. Dejad que crezcan ambas hasta la siega. Al tiempo de la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero”. (Mateo 13, 24-30)

Jesucristo habla del campo en el que la cizaña ha despuntado junto al trigo y explica a sus discípulos el por qué del mal. El sueño de la pereza ha sido aprovechado por el enemigo de Dios y del hombre. Ante el ofrecimiento de arrancar esa mala hierba, hay una llamada a no descalificar a nadie, a evitar que una visión maniquea animada de buena intención pero que divide equivocadamente a las personas en buenas y malas, organice un destrozo. “Dejad que crezcan hasta la siega”, dice Jesús, porque “el que juzga es el Señor” (1 Cor 4,4 y 5). “Y al tiempo...” dice el evangelio. Allí se nos expresa la paciencia tolerante de hacer las cosas en tiempo y forma, sin prisa pero sin pausas a la hora de evangelizar y anunciar la verdad de las cosas. La paciencia y tolerancia son virtudes firmes basadas en la fortaleza. El término tolerancia no adquiere en nuestro tiempo el verdadero sentido que encierra. A veces, se confunde con la pura y simple permisividad o el “a mí qué me importa”. Tampoco puede ser llamado tolerante el que acaba condescendiendo con el mal de forma que se hace cómplice. También es sinónimo de relativismo, de actitud pasiva ante el ataque a una verdad. Es una actitud propia de inteligentes, no de cobardes.

Jesús dice que habrá un Juicio al final de los tiempos en el que los ángeles separarán a buenos de malos. Llegará un momento en que aparecerá con toda claridad la vigencia de la vida cristiana. Suele pasar que viendo tanto mal uno puede desesperarse y arremeter contra viento y marea; al final no conseguimos nada, sólo revolver más las situaciones que queríamos solucionar. No siempre las reacciones epidérmicas traen soluciones que se dan a veces en un proceso largo, paciente y heroico.

Las personales concepciones del mundo o la ironía y el rechazo de quienes estimaron ingenua o insensata la vida cristiana podrán a su tiempo comprender que la realidad era otra. La historia enseña que muchos poderosos del mundo quisieron someter el cristianismo y todos pasaron. La Iglesia sigue, la historia pasa...

Paciencia y tolerancia no nos pueden hacer pasivos y perezosos. La bondad de los buenos no debe ser ingenuidad ni pereza. Es mucho el bien que podemos y estamos convocados a hacer. Tolerancia es fortaleza en el tiempo de sembrar buen trigo de verdad, bien y fe. Hay millares de buenos que no hacen ni bien ni mal y es peor el resultado.

Hoy tenemos pandemia sanitaria, económica, social, psicológica, pero también una pandemia espiritual que está matando el espíritu de lucha de seguir sembrando el bien de Dios a los hombres y a las estructuras sociales. Que no nos cansemos en dar lo mejor de nosotros en servir a la Verdad.